La resolución por la que se establece el Día Nacional del Pavimentador Portugués y del Pavimento Portugués el 22 de julio fue aprobada por todos los diputados del Parlamento, convirtiendo esta medida en el paso que faltaba para proteger uno de sus mayores símbolos de identidad nacional.
Más que una fecha más en el calendario portugués, esta decisión (adoptada el 9 de enero de 2026) es un reconocimiento urgente de un arte que define la estética de muchas de nuestras ciudades, que se enfrentan a una escasez de mano de obra cualificada en este ámbito.
Las razones de que sea el 22 de julio

El «Arte y Saber hacer de los adoquines portugueses» fue inscrito en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial en 2021, en una decisión publicada el 22 de julio por la Dirección General del Patrimonio Cultural, y este reconocimiento nacional es un primer paso importante para avanzar hacia la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.
La elección de la fecha y la aprobación unánime del texto final, presentado por la Comisión de Cultura, Comunicación, Juventud y Deporte, envían un mensaje claro: el adoquín no es sólo «adoquín», es una expresión cultural de relevancia histórica y social.
Ahora, para que la UNESCO lo reconozca, hacen falta más medidas por parte del Gobierno:
- Valorar la carrera de un trabajador del pavimento
- mediante incentivos para atraer a nuevos profesionales al arte del pavimento;
- Conservación técnica
- garantizar que el «saber hacer» de los maestros pavimentadores no se pierda con la jubilación de las generaciones actuales;
- Protección del patrimonio
- reforzar el uso de la piedra caliza blanca y negra en la rehabilitación de espacios públicos.
Un activo para la UNESCO

Este nuevo estatus nacional es el combustible necesario para la candidatura del pavimento portugués a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Con el proceso ya presentado formalmente a la UNESCO, la creación de este Día Nacional demuestra a la organización internacional que Portugal tiene un sólido compromiso institucional con la preservación de este mosaico único.
El empedrado, caracterizado por sus colores contrastados y sus motivos geométricos o figurativos, se describe a menudo como la «alfombra» de la nación. Sin embargo, sin la protección ahora aprobada, la presión de la modernización y el coste del mantenimiento ponen en peligro la integridad de las plazas y avenidas históricas.
Este reconocimiento es, ante todo, un homenaje a los hombres y mujeres que, martillo en mano y rodillas en tierra, dibujan la historia que pisamos cada día.