Los monumentales arcos que atraviesan el valle de Alcántara son el símbolo del Acueducto de Águas Livres, declarado Monumento Nacional desde 1910, pero solo representan una pequeña parte de toda la red. Con 941 metros de longitud, la arcada supone alrededor del 1,6 % de un sistema que, incluyendo el acueducto principal, los ramales y las tuberías de distribución, alcanzaba aproximadamente los 58 kilómetros a mediados del siglo XIX.
La construcción de esta obra empezó en 1731. Para financiar la obra, se creó el «Real d’Água», un impuesto que se aplicaba a los productos que se compraban en aquella época, sobre todo al aceite, la carne y el vino. La inauguración del canal principal tuvo lugar en 1748, pero la finalización definitiva de todas las obras del sistema no se completó hasta 1799.
El arco de piedra más grande del mundo
La parte visible del acueducto destaca por sus arcos de forma ojival. Uno de estos arcos ostenta el título del más grande del mundo construido en piedra, con una altura de 65 metros. Toda la infraestructura se diseñó para funcionar única y exclusivamente gracias a la fuerza de la gravedad.
El sistema se alimentaba de 60 manantiales. A partir de ahí, la distribución se hacía a través de cinco galerías, cuya función era llevar el agua a unas 30 fuentes repartidas por diferentes puntos de la ciudad.
Resistencia al terremoto de 1755
La solidez de la ingeniería aplicada en el acueducto de Águas Livres se puso a prueba pocos años después de su inauguración. Cuando el gran terremoto de 1755 azotó y destruyó gran parte de la capital, la estructura del acueducto se mantuvo en pie.
El hecho de que resistiera el terremoto demostró la calidad de la construcción, manteniendo intacta la que se convirtió en una de las infraestructuras más emblemáticas del paisaje de la ciudad.
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