El nombre de la estación de metro de Senhor Roubado esconde un episodio de tintes macabros que se remonta al siglo XVII.
El nombre de esta parada, por allí cerca de Odivelas, no hace referencia a un atraco a un ciudadano de a pie, sino al robo de objetos sagrados que provocó una de las sentencias más brutales de la época.
El robo en la iglesia de Odivelas
La justicia del siglo XVII no mostró ninguna clemencia ante la gravedad del robo religioso, y la sentencia dictada contra António Ferreira se concibió para que sirviera de ejemplo público y disuasorio: como castigo, al ladrón le cortaron las manos; a continuación, lo ejecutaron en la horca y, para completar la pena, quemaron su cuerpo.
El recuerdo de este episodio no se inmortalizó hasta décadas más tarde, entre los años 1744 y 1747, con la construcción del Padrão do Senhor Roubado, un monumento conmemorativo situado a unos tres minutos a pie de esta estación de metro.
El histórico «Padrão do Senhor Roubado»
El monumento sigue sirviendo hoy en día como un registro histórico al aire libre, narrado a través de un panel de azulejos que detalla los pasos que dio el ladrón, desde el robo en la iglesia hasta su ejecución.
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