No es algo nuevo; desde hace unos meses, el metro de Madrid está transmitiendo un mensaje muy claro a todos los pasajeros que llevan algo tan común como una mochila a la espalda: una vez dentro del vagón, deben colocar la mochila junto a los pies, para no molestar a los demás pasajeros.
Confesamos que, como usuarios de este medio de transporte en Lisboa (y también como «mochileros»), ¡no entendemos cómo es posible que aún no exista tal «norma» en el metro de Lisboa!
«Todos» contra las mochilas a la espalda

Este podría muy bien ser el lema de una campaña de civismo en el transporte público, que a menudo (o casi siempre) «sufre» problemas de capacidad, especialmente en las horas punta.
Quienes utilizan el metro de Lisboa a diario saben que el espacio es un recurso muy limitado; sin embargo, un gesto tan simple como llevar la mochila a la espalda puede ser el detonante de una incomodidad total para decenas de personas que viajan a tu lado.
Pensando precisamente en este problema de gestión del espacio, el metro de Madrid hizo un llamamiento a todos sus pasajeros con un mensaje directo: «las mochilas no deben transportarse a la espalda dentro de los vagones».
De este modo, se pide que las mochilas, maletas grandes o incluso maletines permanezcan junto a los pies de sus propietarios, nunca a la espalda o en los pasillos, especialmente junto a los asientos o incluso ocupándolos.
El «efecto obstáculo» que irrita a los pasajeros

A menudo, quienes lo hacen ni siquiera se dan cuenta, por costumbre o comodidad, olvidando que el volumen de una mochila a la espalda ocupa casi la mitad del espacio de otra persona, además de dificultar el paso por los pasillos del transporte, que ya de por sí son muy estrechos.
Como dictan las buenas normas de civismo (o deberían), la recomendación es clara: nada más entrar en el vagón, hay que quitarse la mochila de la espalda y colocarla en el suelo, junto a los pies, pero preferiblemente entre las piernas.
Esta medida no solo libera espacio vital para otros usuarios, sino que también aumenta la seguridad del propio pasajero, que pasa a tener control visual directo (o casi, si el transporte está muy lleno) sobre sus pertenencias, previniendo posibles robos por distracción.
Como es obvio, este principio se aplica no solo al metro de Lisboa, sino también al resto de transportes públicos de la ciudad: tren, autobuses o tranvías.
Otras medidas de civismo que todos debemos aplicar en los transportes

Ya ni siquiera hablamos de que, al usar las escaleras mecánicas, siempre nos coloquemos a la derecha, para que otras personas tengan un pasillo libre para pasar (en caso de que tengan más prisa que nosotros); creemos que este procedimiento ya está bien arraigado en nuestra sociedad.
Otra de las medidas que debemos aplicar es, por ejemplo, no colocar nuestro equipaje en asientos vacíos: es habitual ver a pasajeros utilizar el asiento contiguo para depositar sus mochilas o maletas, a menudo con el pretexto de poder «vigilarlas» mejor. Sí, pero eso le quita el sitio a una persona que ha pagado su billete o su abono mensual.
La verdad es que los asientos son para uso exclusivo de las personas, ya sea en el metro de Madrid, en el de Lisboa o en cualquier otro del mundo; es de sentido común.
Otro aspecto al que también podemos empezar a prestar atención son las barras de apoyo, evitando que apoyes tu cuerpo en ellas, lo que impide que otras personas se agarren a ellas.
En resumen
Creemos que si sigues estas reglas de oro, tendrás un viaje sin conflictos:
- Mochila en el suelo
- Asientos libres
- Usa siempre auriculares
- Salir antes de entrar
¿Y tú? ¿Cumples la «ley»? ¿Crees que el metro de Lisboa debería sensibilizar más a los pasajeros sobre este tipo de «normas»? ¡Cuéntanos tu opinión en nuestro WhatsApp!