El avance de las manecillas el pasado 29 de marzo dividió la ciudad en un santiamén: por un lado, se multiplican los brindis con la copa en la mano a última hora de la tarde en las terrazas de Lisboa; por otro, se acumulan los lamentos matutinos de quienes buscan desesperadamente mantener los ojos abiertos.
La sede del Team Sol

Para el autoproclamado Team Sol, el nuevo horario funciona como un billete de ida hacia los días interminables.
La rutina sufre un cambio táctico e inmediato. Salir del trabajo con el cielo despejado es la excusa perfecta para pedir cervezas bien frías y una ración de altramuces al aire libre, alargando la velada hasta después de las 21:00.
La demanda de terrazas junto al río Tajo se dispara, y las conversaciones ocupan ahora el espacio que durante los meses fríos pertenecía al atardecer precoz.
Las protestas del Team Cama

En el lado opuesto de esta batalla de costumbres, el Team Cama exige que le devuelvan su tiempo.
Perder sesenta minutos de descanso provoca un coro audible de quejas:
El impacto se hace sentir con doble fuerza para quienes tienen que levantarse de madrugada, lidiando con el ingrato regreso de la oscuridad matutina.
Las visitas frenéticas a las pastelerías y cafeterías para tomar un café fuerte se convierten en la principal estrategia de supervivencia para superar el cansancio de estos primeros días.
La transición impone su ritmo natural y la adaptación se producirá, con mayor o menor resistencia lisboeta. El calendario se mantiene fijo hasta la madrugada del domingo 25 de octubre de 2026.
Si eres de este equipo, solo te queda una opción pragmática: brindar por la luz extra o cerrar bien las persianas de la habitación.
¿Y tú? ¿Perteneces al Team Sol de las cervezas o al Team Cama del sueño perdido?