Con el Día de los Enamorados a la vuelta de la esquina, muchas «palomitas» buscan planes para sorprender a su media naranja en la fecha más romántica del año. Pero, por estas fechas, también es importante recordar algunas historias que parecen sacadas de una película de Disney.
Entre el verde de las montañas y los impresionantes palacios, Sintra esconde uno de sus «tesoros» mejor guardados: el Chalet de la Condesa d’Edla. Situado a unos 30 kilómetros de Lisboa, es un auténtico nido de amor, sin hadas ni dragones, pero digno de cualquier historia encantadora.
El amor por encima de los escándalos y las asimetrías

Todo comienza con un «cliché»: un rey viudo, Fernando II, se enamoró de la cantante lírica Elise Hensler, unos 20 años más joven. Se dice que ambos se conocieron tras una actuación de la artista en el emblemático Teatro Nacional de São Carlos, en Lisboa.
El monarca, que había estado casado con la reina portuguesa María II, no pudo resistirse a los encantos de la joven nacida en Suiza y criada en los Estados Unidos de América. Sin embargo, como era de esperar, la sociedad aristocrática de la época no veía con buenos ojos este romance.
No obstante, el verdadero aislamiento de Fernando II de la corte portuguesa llegó cuando decidió casarse con Elise Hensler —nombrada condesa de Edla por Ernesto de Sajonia-Coburgo-Gota poco antes de la unión oficial— en 1869.
Un auténtico «nido de amor»

Aunque no se trata de una historia de amor con un final trágico, lo cierto es que el romance entre Fernando II y Elise Hensler estuvo marcado por el escándalo. Sin embargo, la unión de ambos superó la diferencia de edad y las asimetrías de clase, inspirando vuestro propio «nido de amor»: el Chalet de la condesa de Edla.
Construido entre 1864 y 1869, el Chalet de la Condesa d’Edla se aleja de la opulencia del Palacio de Pena, pero no por ello deja de ser tremendamente bello, tanto por dentro como por fuera. Inspirado en el modelo de chalets alpinos en boga en Europa en el siglo XIX, el estilo arquitectónico es un bello ejemplo del romanticismo.
El palacete está rodeado de un fuerte carga escénica, con características muy singulares. Por ejemplo, cabe destacar el marcado horizontal del enlucido exterior, pintado para imitar un revestimiento de tablas de madera, pero también el uso constante del corcho como elemento decorativo.
El Chalet de la Condesa d’Edla está además rodeado por un paisaje exótico, en el que destacan algunos elementos, como el Caramanchão y el laberinto de Pedras do Chalet, entre otros.
Del esplendor a la decadencia

No todo fue de color de rosa. Tras la muerte de Fernando II, la condesa heredó el Parque de la Pena y todas sus construcciones, incluidos el famoso Palacio de la Pena y el Chalet. Sin embargo, como resultado de tanta polémica, presiones y un proceso judicial, la viuda del rey acabó vendiendo los bienes al Estado en 1889.
Aun así, continuó viviendo en el Chalet y los jardines hasta 1904, en calidad de usufructuaria. Sin embargo, tras una época de esplendor, pasó por momentos dramáticos, como el incendio de 1999 que devoró gran parte de su esencia.
Pero, como un «fénix» renacido de sus cenizas, el Chalet de la Condesa d’Edla fue adquirido en 2000 por la empresa Parques de Sintra y fue objeto de una reconstrucción, que incluso fue distinguida en 2013 con el Premio de la Unión Europea para el Patrimonio Cultural – Europa Nostra, en la categoría de Conservación.
Al igual que la gran historia de amor que lo inspiró, el Chalet de la Condesa d’Edla también merecía este segundo aliento, y sigue latiendo en el corazón del Parque de Sintra.
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